Una hija es una hija
Mary Clarissa Miller ha pasado a la posteridad con el nombre de Agatha Christie que, para millones de lectores de todo el mundo, se ha convertido en sinónimo de novela policíaca. Profunda conocedora de los mecanismos que orientan las pasiones humanas, supo poner aquéllos al servicio de intrigas que cautivan y cautivarán por su elegancia, sutileza y tensión.
Su interés por los entresijos del alma no podía agotarse en el género que le dio la gloria. Pero, estando el nombre de Agatha Christie excesivamente vinculado a dicho género, adoptó -recuperó, pues ya lo había usado-el de Mary Westmacott para escribir una serie de novelas en las que, con difícil sencillez, profundiza en la psicología para poner de relieve los móviles de los comportamientos humanos: obras de amor, sacrificio, frustaciones cotidianas, siempre con ese punto de misterio que sólo es expresión del misterio del ser.
A los cuarenta años, viuda y madre de una hija, Ann Prentice decide que ha llegado el momento de vivir para ella; se trata casi de una última oportunidad. Se siente atraída por un hombre, hacia el que avanza con todas las cautelas de su formación. Pero no contaba con la aparentemente inexplicable oposición de su hija...