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Saga de Egil Skallagrimsson

Traducción: Enrique Bernárdez
Editorial: Hyspamerica
Año: 1986
Páginas: 298
ISBN: 84-599-1552-2
Sección: Literatura
Disponible
$22000
Leído. Buen estado.

Este libro lleva la carga de una gran alma elemental como el fuego y, como el fuego, despiadada. Egil Skallagrímsson fue un guerrero, un poeta, un conspirador, un caudillo, un pirata y un hechicero. Su historia abarca el norte: Islandia, donde nació a principios del siglo diez, Noruega, Inglaterra, el Báltico y el Atlántico. Fue diestro en el manejo de la espada, con la que mató a muchos hombres, y en el manejo de la métrica y de la intrincada metáfora. A la edad de siete años ya había compuesto su primer poema, en el que pedía a su madre que le diera una nave larga y hermosos remos para surcar el mar y hostigar las costas y dar muerte a quienes se enfrentaran con él. En las antologías perdura el Rescate de la Cabeza, que en la ciudad de York le salvó la vida, y una oda que celebra la victoria sajona de Brunamburh, en la que entretejió una elegía para llorar la muerte de Thorólf, su hermano, que había caído en la batalla y a quien él le dio sepultura. Prófugo de Noruega, grabó en una calavera de caballo una maldición de dos estrofas de setenta y dos runas cada, una cifra que le confirió una virtud que no tardaría en cumplirse. Era iracundo como Aquiles y codicioso. Tuvo un amigo fiel, Arinbjörn. Engendró a hijos que humillaron y maltrataron su vejez. Esas cosas están en este libro, que se limita a referirlas con la imparcialidad del destino, no a condenarlas o a alabarlas.

La obra data del siglo trece. Es anónima, pero no faltan germanistas que la atribuyen al gran historiador y retórico Snorri Sturluson. Es una saga. Esto quiere decir que antes de ser escrita fue oral. La heredaron, la repitieron y la pulieron muchas generaciones de narradores. Es innegable que los hechos no ocurrieron precisamente así; es innegable que de manera menos dramática y menos sentenciosa ocurrieron sustancialmente así.

Esta crónica medieval se deja leer como una novela.

Jorge Luis Borges